El 25 de abril de 1974 nuestros vecinos portugueses
derrocan el régimen dictatorial de Salazar mediante la denominada “Revolución
de los claveles”, que toma su nombre de los soldados sublevados que pusieron
esta flor en los cañones de sus armas para demostrar que no querían disparar
contra un pueblo que se echó a las calles para apoyarlos.
Las revoluciones son posibles sin violencia, tan sólo hay
que hacerles ver a nuestros dirigentes que no estamos dispuestos a soportar su
mal gobierno.
Os cuelgo la canción Grandola,
Vila Morena, de José Alfonso, una canción prohibida que fue la señal
acordada para comenzar la revolución.
La maratón es el ideal de cualquier aficionado a correr,
yo tuve el privilegio de acabar dos antes de lesionarme y toda la alegría con
la que crucé la meta hoy se vuelve dolor y rabia ante la acción de unos desalmados
que, por llamar la atención, o vete a saber que supuesta reivindicación, no
dudan en asesinar vilmente a personas cuyo delito es divertirse haciendo
deporte, o siguiendo el ejemplo que daba su padre en el caso del pequeño de 8
años.
Sinceramente, hay que estar muy enfermo para matar
indiscriminadamente, pero el maratoniano es duro por definición, sufridor por
entrenamiento y creo que ésta sucia acción no los acobardará. Ojalá pudiese
estar en la siguiente para manifestar mi repulsa.
¡Ánimo y a seguir con las zapatillas devorando
kilómetros!
El 14 de abril de 1931 se proclamó la II República
Española.
Es nuestra fecha de referencia, lo que no quiere decir
que los republicanos queramos volver atrás, simplemente es un aniversario que
sirve para reivindicar algo que consideramos justo y más equitativo que el
sistema de gobierno que actualmente tenemos, la monarquía parlamentaria.
Es una aclaración previa para todos aquellos que no
entiendan o no quieran entender que el futuro de España está en la República,
sin medias tintas; en este sentido se es blanco o negro, no existen medias
tintas, en nuestro país quien no quiere mojarse se define “juancarlista”, es
decir contrario a la monarquía, pero a favor del rey que tenemos (me lo
expliquen por favor).
Actualmente sería muy fácil hacer leña del árbol caído,
es más, no veo mejor momento para criticar la monarquía española, con
urdangarines, infantas imputadas (o no), reyes que sin estar
capacitados se resisten a dejar su sillón, etc. etc. Pero no se trata de
personalizar, no es que este o aquel rey sea mejor, se trata de que ninguna
persona debe estar por encima de las demás por el mero hecho de nacer. ¿Somos
todos los españoles iguales?, evidentemente no, sigue habiendo privilegiados,
incluso los aforados tienen preferencias, pero tan sólo mientras estén
representando al pueblo que los eligió, en el momento que no sirvas, se te
cambia y punto. Para muestra de desigualdad es la abolida ley sálica, que ya no
se aplicará más, bueno en el siguiente rey sí, Felipe heredará por el mero
hecho de ser hombre, pasando por encima de sus dos hermanas (ni siquiera entre
ellos son iguales).
Los reyes no son como las lentejas, en este caso si las
quieres las tomas y si no… también.
Quiero una República porque me gustaría poder decidir
quién me gobierna/representa según sus capacidades y sus méritos; ya sé que la
democracia es el menos malo de las formas de gobierno, pero el privilegio por
encima de los demás hace mucho tiempo que se dejó atrás con los gobiernos
absolutistas en los que la gracia divina justificaba la capacidad gubernativa
de aquellos parásitos sociales.
El rey ya no gobierna, ni adorna, ni mejora la denominada
“marca España”. ¡Recuperemos nuestro derecho a decidir! Y a premiar o castigar
con nuestro voto a quienes nos quieran representar.
Hoy,
11 de abril, se cumplen 300 años de la firma del Tratado de Utrecht.
Quizás
parezca el comienzo de una clase ladrillo de Historia del instituto, pero nada
más lejos, ya que de lo que quiero hablar es de una de las consecuencias de la
firma del tratado… bueno, de dos:
La
primera y más vergonzosa es que el Tratado supuso la apropiación de Gibraltar
por parte de Inglaterra, y ahí está, elevándose sobre la única colonia en suelo
europeo. Puede que parezca una nimiedad reivindicar un pedazo de tierra, pero
el problema es cuando el vecino te coloca en tu patio trasero su propio pozo
negro, es el olor que desprende lo que realmente molesta.
No
es necesario bucear mucho en la información para saber que Gibraltar es:
-Un nido
de piratas (antiguos y actuales)
-Un paraíso
fiscal donde lavar dinero de desconocida procedencia.
-Un
territorio donde existen más empresas que habitantes ¿curioso no?
-Un atentado
ecológico a la costa española, con sus barcos monocascos que aprovechan para
limpiar fondos o para soltar porquería en nuestros litorales.
-Una imagen
de prepotencia de un país tradicionalmente explotador y que ni siquiera se
considera europeo (ellos son los habitantes de “ la isla” y nosotros los del “continente”).
La
lista podría ampliarse hasta donde queramos, pero ya huele bastante con lo
anterior.
La
segunda consecuencia bien muy al caso esta semana (el domingo será 14 de abril)
y está ligada a la forma de apropiarse de parte de España. El Tratado de Utrecht
supone el final de la Guerra de Sucesión Española, en la que se dirimió quién
debía sentarse en el trono español, que al final recayó en Felipe V, quien
instituyó la dinastía borbónica que sigue hoy en el sillón (por cierto, Felipe V
hablaba un perfecto francés cuando comenzó a reinar, el español como que no).
Lo verdaderamente
grave era la circunstancia por la que Felipe V se hizo con el gobierno español.
El último miembro de la casa de Austria murió sin descendencia, Carlos II,
conocido popularmente como El hechizado
(la historiografía siempre benévola con la Monarquía); un inútil “raquítico,
enfermizo y de corta inteligencia, además de estéril”, (un regalito, vamos). Pues
tal “joyita”, y sin contar con los años de regencia de su madre gobernó España
durante 25 años.
Pero,
claro está, como buena monarquía el heredero es el heredero y si te toca el
tonto te aguantas. Puede que fuese normal en el siglo XVII, pero ¿y si ocurre
en el XXI?....
Hoy, durante mi paseo matutino con los perros he oído una entrevista a Jorge Verstrynge, debo reconocer que es de las mejores de las que he disfrutado en muchísimo tiempo.
Sinceramente no tiene desperdicio ni uno de sus segundos, aunque quisiera resaltar la parte en la que cuestiona lo que yo denomino "el voto esclavo", es decir, aquel que se hace porque "son las siglas a las que tengo que votar", "es lo que siempre se ha votado en casa", "porque el que se presenta es mi primo", o por miles de razones que nunca responden a la reflexión y al razonamiento sobre la persona que se esconde (lo digo con toda la intención del mundo) detrás del nombre de un partido que, cuanto más grande más bulto y por tanto más fácil esconderse.
Lo he defendido miles de veces, especialmente a nivel local, en un pueblo las personas son tan cercanas, se conocen suficientemente bien para intuir su sinceridad, capacidad de trabajo, capacidad intelectual, "currículum social", etc. etc. ¿Cuántas veces hemos oído Tú, cómo eres socialista / del PP / andalucista... Con eso ya te cae el sambenito y estás condenado a ser del referido partido toda la vida, aunque sus candidatos no sepan hacer la O con un canuto o se dedique a crear un clan familiar de beneficiados, pero como es popular / andalucista / socialista, hay que votarlo.
Volvemos a los tiempos de la Mesta en los que los pastores (o sea, los políticos) conducen al ganado (osea, los votantes) cada cuatro años de los pastos de invierno a los pastos de verano (o sea, un trabajito de cuatro días y una palmadita en la espalda cada dos meses para el Ayuntamiento); eso sí, por si alguna oveja descarriada intenta buscar brotes más verdes tienen a sus fieles mastines (o sea, técnicos varios, adjuntos y encargados de gabinetes) que ladrarán y morderán las patas de las sumisas ovejas para que vuelvan al "camino recto"... ¡mierda de país/comunidad/localidad!
Si no queréis acabar encendido como yo, no os recomiendo que oigáis la entrevista, aunque os perderíais las palabras de uno de esos políticos que debiéramos tener pero que nunca tendremos.
Vengo de cumpleaños,
en un sentido absolutamente digital.
Mi amiga de la
infancia Jana, la que me regala comentarios en todas mis entradas, está
celebrando el cumple de su padre. Es una costumbre que compartimos, la de
celebrar el nacimiento y no la muerte de los que nunca morirán en nosotros.
Como es un autor de
referencia en mi blog, no he podido resistirme a dedicarle mi pequeño homenaje,
utilizando sus propias palabras. Es un poema del libro Pueblo en Cruz, cantos de paz y esperanza. Evidentemente viene muy
al caso.
Hace
algunos años una lesión de espalda, con su consecuente operación, provocó un
cambio definitivo en mi mundo cofrade, el costal y la trabajadera dieron paso a
la lista y al traje. Evidentemente no es lo que deseaba, pero mi carácter
normalmente positivo hizo que pudiese aprovechar otras ventajas que esta nueva
faceta me proporcionaba.
Ser
capataz, o contraguía, que en definitiva es lo mismo me da una visión desde
fuera y la posibilidad de disfrutar de muchas pinceladas que de otra forma
serían imposibles. Yo los llamo “mis privilegios”
Intentaré
hacer mi habitual crónica de la Semana santa desde esta perspectiva, obviaré
muchos nombres, para evitar imperdonables olvidos, aunque algunos serán
imprescindibles por circunstancias muy especiales.
Privilegio
del conocimiento. Tener acceso a la información te permite
anticipar hechos, lugares, situaciones o incluso personas. Por ejemplo, a pesar
de que cada año van sumándose poco a poco esos valientes que tienen un punto
menos de vergüenza y que se atreven a mandar una marcha desde debajo, antes de
salir el Miércoles ya sé dónde va a ir cada marcha, lo que me permite colocar
algunas estratégicamente, jugar con los nombres y aprovecharlos para realizar
una “levantá” especial, igualmente sucede con las saetas, los relevos, o
simplemente y cuando las circunstancias lo permiten, separarte un poco del paso
porque quieres disfrutar de una buena “chicotá”, como sabe andar mi buena gente
de la trabajadera.
Privilegio
de la cercanía.
Quizás
la proximidad al paso hace que pierdas la perspectiva, que no puedas ver el
majestuoso caminar de Padre Jesús, o esa “revirá” de costalero como la de la
calle Padre Jesús este año, con dos marchas empalmadas, el paso girando muy
poquito a poco hasta encarar la siguiente calle. Pero también proporciona otras
sensaciones que son impagables y que tan sólo se pueden vivir con las manos y
la cara pegadas a la obra de arte de Manolo Peña. Oír como el martillo cae dos
veces en una “levantá”, la trabajadera golpeando los cuellos al caer, el
respirar acompasado con el racheo de las zapatillas, los ánimos del “boquilla”
a su gente, el capataz llamando “¡to´s por igual valientes!” y alguno pidiendo
“¡al cielo”! La cercanía de los niños fajados y apoyados contra la trasera
emulando sus padres en el trabajo.
Aunque el verdadero privilegio es poder contemplar el rostro del Nazareno
cuando va siendo llevado por la cuadrilla, poder buscar la luz, o la sombra
desde el lugar que quieras…
Privilegio
de la Historia.
Puede
rayar el egocentrismo, pero me siento parte de la Historia de Niebla, ya sé que
la Hermandad es joven, pero el trabajo se hace con mucha más ilusión cuando
piensas en lo que estás sembrando para el futuro, no es tanto buscar el
reconocimiento individual de generaciones venideras es como diría uno de mis
más polifacéticos costaleros quiero
dejarle a mis hijos una Niebla donde tengan las oportunidades que yo no tuve,
que no tengan que salir fuera a ver Semana Santa, Carnavales, fútbol o
cualquier otra cosa… creo, amigo Tomás, que puedes colgar el costal con la
satisfacción de los deberes hechos, me consta que has creado una buena cantera.
Privilegio
de la amistad.
Aunque
lo he dejado para el final, probablemente sea el más importante, he visto (y he
“sufrido”) durante todos estos años cómo se han fraguado amistades y relaciones
fruto del trabajo en común. Mi círculo de amistades se ha engrandecido estos
años gracias a todos y cada uno de los que viernes a viernes de ensayo han
pasado por esas trabajeras, evidentemente cada relación en su justa medida y
dependiendo de muchos factores, los silenciosos, los hablarines, los
impuntuales, los protestones, los incansables, los que trabajan, los que
estudian, los que están “embarazados”, etc. etc. conmigo, con “el que hace las
listas y pone los relevos”, es un trabajo injusto, en el que hay que repartir
lo poco que salimos a la calle entre todos, me consta que cada uno querría
poder hacer más relevos, pero intentamos ser lo más justos posible (aunque me
cueste un disgusto), de lo que sí nos podemos preciar en el paso de Padre
Jesús, es de tener garantizados brazos y corazones para el año que viene tras
el “ahí queó” de Sebastián. Siempre algún tímido se acercará el próximo ensayo
de la mano de un “veterano” amigo.
Supongo
que sentirte privilegiado va unido a sentirte especial y es algo que, año tras
año, consiguen todos los que rodean nuestra Semana Santa, sinceramente son
sensaciones que merece la pena probar al menos una vez en la vida, luego…Dios
dirá.