"STAT ROSA PRISTINA NOMINE, NOMINA NUDA TENEMUS"

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El blog de Pelayo Castillo Palacios

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sábado, 12 de enero de 2013

EL PREGÓN, CON TODO MI CARIÑO.


Hay cosas que se gana a pulso, y esta entrada es una de ellas. No hace mucho en  REFLEJOS DE MI NIEBLA se dieron a conocer con un pequeño intercambio de comentarios mi cuñada Rosario y Jana, la seguidora que me regala comentarios con todas las entradas que hago, mi amiga de la infancia. Quedó pendiente una petición sobre el pregón que leí en las fiestas de la Virgen del Pino en 2004. Reconozco que fue el pistoletazo de salida para todas mis posteriores publicaciones, el que me quitó los miedos y vergüenzas.
Considéralo como un regalo de Reyes atrasado, por haberte portado tan bien con “Sentimiento iliplense”, te cuelgo el pregón con todo mi cariño, amiga Jana.



PREGÓN DE LAS FIESTAS 2004




            Niebla, 7 de septiembre de 2004


            Excelentísimo Sr. Alcalde de la Ciudad de Niebla.
            Sra. Presidenta y Junta de Gobierno de la Ilustrísima Hermandad de la Virgen del Pino y Santos Mártires San Walabonso y María.
            Srta. Fátima Contreras Rodríguez, Reina de las Fiestas,  Corte de Honor entrantes. Reina y Corte salientes.
            Afectos venidos de cualquier localidad.
            Estimados ciudadanos de Niebla, presentes y ausentes.
            Amigos todos.

            Virgen del Pino, titular de estas fiestas y Señora de Niebla. Santo y seña de tantos iliplenses de dentro y de fuera, que en tus días de soledad invernales en la ermita, sigues siendo la luz del faro que guía la fe de la mayoría de los niebleros. En este septiembre, tu mes, regresas entre tus hijos para volver a gobernar la nave del pueblo, para ser su mascarón de proa que desafiando la tormenta, rompe sin temor las olas. Cuántas oraciones para tus oídos, cuántas peticiones y vivas de tus fieles gentes de Niebla. Incluso para los que no somos practicantes o creyentes, tu imagen es una referencia luminosa en el alma porque significas Niebla, alegría, familia, paisanos, amigos, amor, en definitiva, todo lo bello que ansía nuestro ser.

             Con vuestro permiso comienzo este humilde pregón.

            Hace aproximadamente un mes, cuando desde el Ayuntamiento se me propuso ser el pregonero de estas fiestas, pensé que uno de esos momentos con los que sueñas desde niño me había arrollado sin saber cómo. Qué poco podía imaginar en ese momento lo difícil que es expresar sentimientos con palabras, plasmar en unas hojas vivencias, lugares y sensaciones que he compartido con muchos de vosotros. Nunca había afrontado semejante reto, tarea doblemente ardua, ya que en mi vida siempre prevalece la razón y la ciencia sobre los sentimientos y la fe.

            De esta manera sólo me quedaba abordar esta exposición desde mi particular y  subjetivo punto de vista. Nada más lejos de mi intención que ofender a alguien y si por error así fuese, mis disculpas de antemano; lo único que pretendo es compartir con vosotros todo lo que siento cuando traspaso cualquiera de nuestras árabes puertas y me zambullo entre estas calles y plazas.

            Expuestas mis razones, quisiera dedicar el pregón a toda mi familia, comenzando por mi mujer, Nuria, sin cuyo apoyo y compañía mi vida hoy no tendría sentido. Que al igual que vosotras Reina y Damas, como tantas otras jóvenes iliplenses anteriormente, subió aquí luciendo sus mejores galas en otra noche donde los nervios afloraban incontenibles, donde el antiguo ritual de paso que transforma las niñas en mujeres, encumbra durante un año vuestras bellezas.
También es para mis hijos, de los que espero sean mejores niebleros que yo y que valoren la justa medida de este pregón cuando sean mayores.

Pero a quien especialmente quiero dedicar estas palabras es a aquella que mientras me hacía dar interminables vueltas a la masa de los mejores roscos de aceite que jamás volveré a probar, me hablaba de una ciudad de decuriones romanos, de princesas y reyes moros, de campanas de oro, de cristianos asustados por truenos de pólvora, de una inglesa que se paseaba en parihuelas y que se llevó “nuestros tesoros” a los museos de su país, y de mil imágenes más que fueron grabándose a fuego en mi infantil mente. Especialmente para ti abuela Concha; “Conchita Molina” que, como ella misma se gustaba definir “más nieblera que los cernícalos de las murallas”. Para ella esta ciudad siempre fue su punto de referencia, su norte, su vida.... y ella me enseñó a quererte, a su Niebla.


¿Cómo empezar? Todos mis predecesores en este alto honor han puesto el listón muy alto, pero prometo intentar estar al nivel. Por mi condición de iliplense lo más fácil sería ensalzar las bellezas y virtudes de nuestro pueblo, o si por otra parte atiendo a mi vocación y estudios de historiador, podría aburriros con datos por todos ya conocidos, pero para eso están los libros. Así que comenzaré por lo más difícil: un acto de reflexión, una pequeña “llamada de atención”.

Parafraseando a Napoleón en Egipto podría deciros que “desde estas tierras 3000 años de Historia os contemplan”. Pero ¿qué estamos haciendo nosotros para continuar esta Historia? Creo que casi nada. He conocido muchos lugares que no poseen ni la décima parte de la  belleza de Niebla, pero donde sus habitantes se vuelcan con lo poco o mucho que tienen, empujan todos en la misma dirección, se apoyan unos a otros. Tras mucho estudiar el devenir de los niebleros durante el paso de los siglos, he llegado a la conclusión que, desde la toma de la ciudad  por Alfonso X, Niebla enfermó de “apatía ciudadana”, mal que aún nos atenaza. Nos conformamos con lo de siempre, que suele ser poco, preferimos lo foráneo, incluso zancadilleamos las iniciativas de nuestros propios paisanos, aquí nadie puede ser profeta en su tierra, ¡si hasta el mismo San Walabonso tuvo que serlo en la califal Córdoba! Perdonad mi sinceridad y crudeza, pero es lo que observo desde el prisma de alguien que lleva más de 20 años trabajando y viviendo fuera. Hay una frase de John Fiztgerald Kennedy que nos viene al pelo: “no nos preguntemos qué puede hacer Niebla por nosotros, preguntémonos qué podemos hacer nosotros por Niebla”

            Leyendo pasados pregones he reconocido fiestas, lugares, momentos y personas; pero la mayoría pertenecen a otras generaciones, a historias de mis padres y abuelos. Casi no recuerdo el casino de la Plaza con sus bailes, yo pertenezco a los años de la discoteca de “El Chori”, “la Spider” y a los primeros pubs. Tampoco tuve la opción de bañarme en la ollita, como mucho, en la presa de “El Goro”; apenas celebré la romería en la antigua ermita de la virgen. Por supuesto que recuerdo la plaza de toros de palos tras la iglesia, con los pases de “Torito” o con Morente travestido de mujer haciéndonos reír desde su bidón, pero para mí las tardes de vaquillas no me suenan a “Quijoles”, éste nombre trae tardes de ensayos en el colegio y un sinfín de desfiles y pasacalles con la banda, ¡otra de tantas grandes pérdidas!, ese grupo de esforzados niños que aglutinaron Juan de la Cruz, Quijoles y Barrera, con la musical ayuda de Juanito y Juan Muñoz, para formar esa banda, empresa que hoy día a cualquiera asustaría, pero ellos asumieron como propia e hicieron pasear el nombre de Niebla por muchas calles andaluzas; poco os puedo contar sobre la banda tras el brillante pregonero que me precedió en este atril el año pasado.
  

            A lo que no he podido faltar ni un sólo año desde que os dejé para estudiar y trabajar es a estas fiestas. Las fiestas de la Virgen del Pino siempre han sido muy especiales para mí. “La Señora de las Murallas” es el imán que todos los años atrae a no creyentes y a creyentes más o menos practicantes al punto donde sus raíces se hunden con fuerza: a la Niebla que antiguos viajeros como Al-Udri, o Idrisi llamaron Al-Amra, “La roja”, maravillados por el color de sus altivos muros. Muchas familias niebleras tenemos seres queridos allende el Tinto, entre los cuales me incluyo, los cuales realizamos nuestra particular migración septembrina para volvernos a abrazar una vez más con nuestros seres queridos a la sombra de estos vetustos torreones.

            Estas fiestas son herederas directas de otras muy antiguas y paganas celebraciones, ya nuestros ancestros hispanoromanos, iberos y tartesios festejaban el final de la recolección de los frutos estivales de la tierra, como la espiga de grano representada en las monedas romanas que se acuñaron en esta Ilipula. Más propia incluso de estas fechas es la vendimia de la uva. Ambas actividades he practicado de niño, pero de especial recuerdo es el dorado fruto de la vid. Aún puedo sentir como mi abuelo Mercedonio nos levantaba antes del alba ya con el carro y el mulo aparejados para tomar el camino de las viñas viejas, atravesando el puente romano todavía entre dos luces, con el suave traqueteo del carro que no contribuía precisamente a espabilarnos; más tarde, con el astro rey ya despuntado, al tajo hasta que aprietan demasiado el sol y las ganas de comer; el regreso a casa sudorosos, cansados, satisfechos, aprendiendo a trabajar. La merecida siesta vespertina, interrumpida por los gritos de Aragón pregonando con su carrito el “politanielpolo” “el polilado”, o tal vez los cohetes que preludian las capeas.


            En los meses de estío previos a las fiestas, diversiones inacabables, donde cambiábamos los juegos en el “patio chico” o el “patio grande” del colegio San Walabonso por otros no menos divertidos en la Plaza de San Martín o de Santa María: “borriquito la ventana”, “hilo negro”, “bandera”, “el bote”, “piola”  y tantos otros;  juegos donde el elemento que nos unía no se llamaba internet, chat o línea ADSL, que tan extraño me suena, esos factores comunes a todos nosotros y del que teníamos a espuertas eran la amistad y las ganas de vivir. Antonio, Vicente, Nicolás, Pedro, Jesuli, “el Noni”, Andrés y otros tantos que suenan a alineación de equipo de fútbol saltando a disputar nuestra particular Champions League en el campo de los “pachichis” de porterías fabricadas con palos cogidos en las maderas de Camacho. Éste y más grupos de amigos que compartíamos hasta los flash congelados comprados en el quiosco de “La Chica” o de Dolores.

 Añorados tiempos en los que nos colábamos aquí en este castillo, saltando la tapia a costa de algún que otro rasguño en rodillas y codos, pertrechados con tarascas y cerillas con las que inventar fantásticas batallas en las que siempre salíamos victoriosos.

Cuando la noche va tomando las calles ya es hora de volver a casa, “quedamos mañana, en el mismo sitio, a la misma hora”. En casa tu madre “que hay que ver cómo vienes”, “que dónde te has metido”, “que no se te ocurra acercarte a las vías del tren”; pero tras la regañina, una cena reparadora y las mejores tertulias que pueda haber, no hablo de telebasura ni de concursos insustanciales, hablo de puerta de calle y silla de enea, puede ser mi puerta, puede ser la del vecino, pero todas las aceras se van poblando de amigos buscando el fresco de la noche para sencillamente hablar, de cosas simples, sin importancia, de cosas nuestras; con las mismas estrellas que hoy nos contemplan como testigos de excepción.


            Para mí Niebla es como una mujer de la que siempre estaré enamorado incondicionalmente, sin pretensión de ser correspondido. Niebla es esa joven como todas las que han pasado por este escenario, como vosotras, que encarnáis los cinco sentidos de la vida:

            Niebla es el tacto áspero e irregular de los tapiales de la muralla, sillar romano con argamasa musulmana, conformando la corona que ciñe nuestro pueblo. Es tacto silvestre y espinoso de tagarnina y espárrago que tanto me gustan coger en inacabables paseos con mi hermano Félix, con los que, como diría un gran amigo, “comulgar con la naturaleza” Tacto agreste de mis mayores, surcados de arrugas en sus curtidas pieles de hombres de campo, que en silencio regaron con su sudor nuestra sedienta tierra. Es el tacto a Semana Santa, pies calzados de esparto, que ansían rachear tus empedradas calles a la voz del capataz; ¡a esta es! para elevar a Padre Jesús o a La Virgen de los Dolores a nuestro cielo iliplense.

            Quizás el oído. El inconfundible llamar a la colaboración de la semicentenaria tómbola. El sonido cantarín del Lavapiés cuando fluye junto a tu morada en la ermita, o el tumultuoso fragor del Tinto si viene crecido y martillea incesante los pilares del puente que largo tiempo atrás dejó de ser romano. Sonido repiqueteante y cansino a carrito cargado de bebidas del que tiramos Merce y yo durante tantas tardes de reparto. Ecos metálicos de campanas a las que los monaguillos llamábamos “la Dong”, “la Ding” y “la Dang”, que otrora sustituyeron con sus cristianas llamadas la musulmana voz del muecín llamando a la oración el viernes desde el alminar de nuestra mezquita-iglesia, campanas hoy sujetas al esclavista horario de una maquinaria.

            Niebla tiene sabor. Sabor serrano a nueces, peros y castañas en “Tosantos”. Sabor dulce de “palo dú”, uvas pasas, pestiños, torrijas y alfajores. Sabor áspero y duro como la tierra donde crece la uva palma y las gamboas, tan imprescindibles en las capeas como las pipas de calabaza. Sabor asfixiante de los primeros cigarrillos compartidos en la clandestinidad juvenil. Sabor terciopelo de besos de joven y mujer amada.

            ¿Cuál es el olor de mi pueblo? Huele a verde junco, romero y retama en Corpus. Huele a blanco azahar en los naranjos de la plaza. Huele intenso y fresco en las calderas de esencia. Huele amarillo polvoriento y a sardina en el real de la Feria. Huele a  serrín mojado en el suelo y a madera de bocoy en las tabernas del “Babieca” y “Lagares”. Huele a cera encendida en los cirios que, como otros cofrades,  portan Alba y Lidia el Viernes Santo, mis hijas de ojos grandes y oscuros que son como todos nosotros fruto de la amalgama de todas las culturas que dejaron su impronta en Andalucía y particularmente en Niebla. No nos engañemos, pese a quien le pese, somos fieles reflejos de judíos, musulmanes y cristianos que nos precedieron; que en Niebla tuvieron una pacífica y fructífera convivencia de la que hoy deberíamos aprender.

            Al final la vista. El inconfundible ocre del  romano Urium, el musulmán Wadi Lahsar, o el moderno Tinto, que en su curva abraza a Niebla desde sus orígenes acunándola y protegiéndola; ese mismo tono rojizo de las murallas que tanto contrasta con las cada vez menos blanqueadas fachadas. También son miles los colores de nuestra romería, cuando las niebleras se engalanan de volantes y botos camperos, como coloridos son los caballos y charrés adornados para la ocasión. Alegre multicolor son también el pasacalles del carnaval o la Cabalgata de Reyes.

            Dicen que una imagen vale más que mil palabras, si tuviese que elegir una lo tengo bastante claro.
            Me quedo con la de mis mayores sentados en los bancos de la Puerta del Buey; aquella desde donde Ibn Mafoz, señor de Lebla intentó engañar al rey Sabio. Abuelos de cabellos ralos y blancos, de nudosas manos apoyadas en igualmente nudosos bastones de olivo o acebuche, contemplando un sol de la tarde, entre rojizo y miel, que se marcha por el camino de Huelva. Esos abuelos hablando pausadamente de sus cosas, con el cuerpo y el alma satisfechos de toda una vida de entrega.

            De la misma manera veo salir al abuelo Félix, quien vino para quedarse desde la Granada de Boabdil, con su nieto de la mano haciéndole mil y una preguntas con mi misma curiosidad infantil por el camino tantas veces recorrido, puerta del Buey, Cruz del Concejo, Ronda de Jerusalén, Puerta del Socorro, hasta llegar a sus juguetes preferidos: los cañones de esa Artillería tan unida a Niebla; en definitiva aprendiendo a ser nieblero viviendo cada rincón con sus juegos.

Es la imagen a la que aspiro, a poder en un futuro sentarme en esos mismos bancos, feliz de haber hecho todo lo que estuvo en mi mano por mejorar mi pueblo. Junto al apeadero que tantas y tantas veces me ha visto partir y regresar desde Sevilla, Cádiz, Madrid, Lérida, Huesca, Galicia, Turquía, Bosnia Hertzegovina.... donde he tenido el honor de ser abanderado de mi pueblo, defendiéndolo siempre a capa y espada. Es junto a ese apeadero donde me gustaría declinar mis días, hasta que el sol que baña nuestras murallas me  lleve   hacia donde muere el Tinto, y de esta forma fundirme con él en un abrazo eterno.

            Pero antes tengo mucho que vivir, para sentarme con mis nietos en la Puerta del Buey y hablarles del decurión romano Clodio Fabato, de princesas y reyes moros, de Campanas de Oro, de cristianos asustados y de los mejores roscos de aceite de mi abuela Concha.
  
            Los que me conocéis sabéis que no soy hombre de grandes exaltaciones ni de vítores. Hoy, mi ¡viva Niebla! Lo hago desde dentro y hacia dentro, es por lo que sólo puedo despedirme rogándoos que desde esta noche queráis un poquito más a Niebla; y deseándoos que disfrutéis de estas fiestas con vuestros seres queridos.

            Amigos, humildemente y de todo corazón GRACIAS, MIL GRACIAS.

            Niebla, a 7 de septiembre de 2004

viernes, 12 de octubre de 2012

CON LA PIEL DE GALLINA


Bueno, antes de empezar os advierto de que va a ser una entrada larga  muy personal y casi dirigida, así que sentaos y poneos cómodos o abandonadlo antes de que sea tarde.
Hablar de Jana y su blog no es nada nuevo por aquí, además es una de mis comentaristas habituales; lo que nunca os he explicado es la forma de reencontrarme con mi amiga de la infancia, motivo por el cual os pongo en antecedentes.
Todo comienza con el escaneo de una fotografía de hace unos años, más concretamente cuando estaba en 8º de EGB (1978), ésta me hace cuestionarme acerca de Cristóbal Vega Álvarez y vi tema para una entrada futura en el blog. Mi padre como antiguo compañero suyo no pudo darme ninguna referencia actual así que tiré de “San Internet de los desamparados” y ¡voilá! No sólo encuentro un blog dedicado a su obra sino que además lo lleva su hija, mi amiga de la infancia. Lo demás ha sido un intercambio continuo de mensajes y comentarios.
Ahora, para que no suene a chino el título de la entrada os copio lo que he escrito a mano durante estas dos últimas tardes mientras esperaba para asistir al congreso de San Juan.
CON LA PIEL DE GALLINA.
Y aún se me eriza el pelo sólo con recordarlo.
Os pongo en situación. Llevo un tiempo escaneando todas las fotos que encuentro por casa, luego las intento ubicar en el tiempo y si lo consigo, las clasifico por años. Las más antiguas te llenan de ternura, otras te consiguen sonrojar de vergüenza (este es el caso). Además de la digitalización de fotografías también estoy intentando poner en orden mi biblioteca, apropiándome de paso de algunos libros olvidados en casa de mis padres (también este es el caso).
Como disponía de una hora libre antes de las ponencias del congreso me senté en la plaza de la iglesia de San Juan acompañado de un café con hielo y una ligera y refrescante brisa. En la mochila lo que suponía un tesoro de juventud, en el corazón la esperanza de haber encontrado un trozo maravilloso de mi adolescencia.
Para los que ya peináis algunas canas no os será desconocido el término “teatro del colegio”, para los que no os suene deciros que hace algunos años, al menos hasta que terminé EGB (no sé ni cómo se llama ahora) todos los cursos hacían una pequeña representación teatral, actuación musical u otra actividad similar a lo que hoy se llama “la fiesta de fin de curso”, la particularidad en mi época era que en ocasiones este teatro contribuía a sufragar el viaje fin de curso de 8º, los que nos despedíamos del Colegio Público San Walabonso.
En el año 1978, las representaciones, en dos sesiones, se hicieron en el cine y para esta ocasión, los “niños de 8ª” llevábamos preparando, bajo la dirección de Don Wolfgang, una pequeña obra de teatro que había escrito el padre de una compañera nuestra, a la sazón Cristóbal Vega, supongo que ya vais hilando esta entrada. En ella me tocó hacer el papel de Bécquer, tanto en su variante de estatua como en el de actor, ¡recitando poesía incluso! Podéis imaginar lo que suponía para un adolescente de la época aquejado además de una timidez excesiva. Aun así creo que hicimos un papel más que digno, no me atrevo a decir todos los nombres de los que participamos por temor a olvidar alguno de ellos, pero lo que si puedo asegurar es que los numerosos ensayos sirvieron para disfrutar de una experiencia tan nueva como el teatro.


Extraigo el libro de mi mochila: Dos poetas, Bécquer y Federico García Lorca, de C. Vega Álvarez. ¡Tiene que ser lo que busco! Rápidamente, con avidez voy pasando hojas y en la página 21 encuentro:
“CABECITAS LOCAS”
(Cuento escenificado en un acto)
Escrito para los Colegios de Niebla (esto último a mano por el autor)
14 personajes en un Cuadro Único, los jardines del parque de María Luisa de Sevilla, 12 jóvenes adolescentes, su maestro (que no profesor) y Bécquer. La lectura de un tirón, con el corazón a más de mil, el café se queda aguado en la mesa porque mis ojos se niegan a apartarse de las hojas mecanografiadas. Estoy leyendo las mismas páginas que estudié y repetí hasta memorizar hace 34 años, ciertos diálogos, los míos, los voy adelantando a la lectura porque de algún lugar recóndito van asomando las palabras y versos del poeta… con la edad y experiencia vividas no me avergüenza reconocer que alguna lágrima saltó fugitiva mientras leía.

Por una mirada, un mundo.
Por una sonrisa, un cielo.
Por un beso… ¡yo no sé
qué te diera por un beso!
En estas más de tres décadas no sería capaz de contar las veces que he rememorado la Rima XXIII, incluso en el Instituto de La Palma me proporcionó una cerrada ovación en clase de Literatura cuando la recité (evidentemente jugaba con ventaja). Personajes, situaciones, ensayos, nervios de representación, hormonas adolescentes y unos recuerdos que todavía hace que se me ponga la piel de gallina.
Amiga Jana, Elena en la ficción, ahora me dirijo a ti personalmente porque quiero hacerte una petición, quiero solicitar tu permiso para utilizar los versos de tu padre en mi blog, como sencillo y sincero homenaje de un niño que ha tardado en saborear su obra en un acto. Para convencerte intentaré chantajearte con otra parte de la obra, el comienzo de la Rima I, así como una fotografía sin desperdicio. Besos apretaos
Yo sé un himno gigante y extraño
que anuncia en la noche del alma una aurora
y estas páginas son de ese himno,
cadencias que el aire dilata en las sombras.


miércoles, 3 de octubre de 2012

¡PREMIO!

Hace algunos días recibí este premio (aunque aún no se si calificarlo así o como “embolado”) desde el blog de mi amiga Jana. No soy especialmente afín a continuar cadenas, siempre me han parecido que le “endiñas el muerto a otro” de mala manera, pero me consta que a ella le hará ilusión, además sirve para que, poco a poco, me conozcáis más.
Además quiero que sirva esta entrada como un nuevo pistoletazo de salida a otra etapa, más personal, menos “científica” (tranquilos Antonios que no abandonaré mi labor histórica sobre Niebla); un blog de opinión y sentimientos como su nombre indica, incluso si logro hacerlo iré cambiando el aspecto del mismo.
Al grano, consiste en decir 7 cosas sobre ti que normalmente los demás no sepan o que, como dice Jana, si lo saben disimulen y se sorprendan (son los pequeños sacrificios que exige la amistad). Seguiré el orden en que me han salido, sin pensar mucho, por lo que algunas faltarán y otras sobrarán.
1.- Siempre he sido HIPERCRÍTICO, empezando por mí mismo, me gustan las cosas bien acabadas y hechas, o por lo menos terminadas después de haber dado todo lo posible, cada uno con sus limitaciones, pero si racanear. Ya conocéis mis salidas de tono cuando creo que algo no está bien.
2.- Otra de las cosas que me cabrean en exceso es la IMPUNTUALIDAD, cuando sólo depende de mí me gusta llegar a los lugares con tiempo de sobra, prefiero esperar a ser esperado, quizás sea una reminiscencia de mi pasado militar; pero claro, cuando tienes una familia de 6  miembros (cuento al perro también) es poco menos que misión imposible y suele pasar que llego a los lugares tarde y cabreadísimo, lo que al final redunda en el disfrute del evento en cuestión
3.- Uno de mis vicios y que irá íntimamente ligado a otros de los posteriores “secretos” es mi COLECCIONISMO empedernido. Repasando rápidamente tengo colecciones de minerales, recuerdos de viajes, monedas extranjeras, fósiles, miniaturas de Warhammer, soldaditos de plomo, y alguna más que olvido, pero sobre las que destaco los IDIOMAS. Reconozco que para mí son un vicio, siempre debo estar repasando o estudiando algo relacionado con lenguas extranjeras, me encanta poder hablar con las personas en su propia lengua; me defiendo en francés e inglés, domino con soltura el italiano, hice mis pinitos en alemán, con trabajo el latín, a duras penas el español y mi mayor ilusión son el árabe y el ruso (tal vez algún día).
4.- Otro de mis grandes defectos según mi mujer que después de tantos años me debe conocer es el NO SABER DECIR QUE NO, me es dificilísimo negarme a un nuevo proyecto que alguien te presenta con ilusión, reconozco que “me meto hasta en los charcos”. Es verdaderamente gratificante decir “Si” a un favor pedido aunque inmediatamente tu cerebro te dice Ahora a ver de dónde sacas el tiempo.
5.- Creo que tengo cierta preferencia por las MINORÍAS, por los débiles o los que están fuera de moda. Cuando algo o alguien tiene en contra la mayoría, allí estoy yo cual quijote (un poco ido sí que estoy, lo reconozco) para apoyar esas “empresas imposibles”, supongo que me va la oposición o ir contracorriente. No me gustan las modas, no voy al fútbol ni a los toros, tampoco soy de romerías ni eventos populares, en definitiva… un poco raro.
6.- Mi gran vicio: LEER, LEER, LEER… soy de libros, los de siempre no los informáticos, esos que pesan cuando se te caen sobre el pecho en la cama, rendido después de un duro día. Esos deseos que cumplirías “si te tocase una pasta”, en mi caso empezarían por montar una librería, con un pequeño rincón para los clientes con mesas, asientos, café e infusiones para poder ojear plácidamente el libro que pretenden comprar. Es la misma respuesta siempre que me planteo la posibilidad de tener más tiempo, poder leer tranquilamente, como cuando viajaba en tren a Cádiz (mi primer destino), a veces al ritmo de un libro al día. Ligado al coleccionismo antes mencionado no puede estar más que mi biblioteca, la que estoy intentando organizar desde hace un par de años, supongo que por encima tendré más de 2000 libros de los que seguro habré leído un 70-80%, algunos hasta tres o cuatro veces, consecuencia de este hambre de lectura es mi viejo sueño de poder escribir mi propio libro… algún día, lo prometo.
7.- Ahora algo que además de evidente es un sueño muy generalizado, VIAJAR, lo que sucede en mi caso es que el viaje comienza muchísimo antes de coger el coche, tren, bici o el “coche de San Fernando”. Realmente me encanta preparar los viajes, con meses incluso años de antelación, antes lo hacía a base de revistas especializadas o guías de viajes (de las que debo tener también un número no menor de 20), actualmente ese bendito internet está lleno de blogs de viajes con comentarios, de páginas interesantísimas, de rutas, de propuestas, etc. etc. En cierto modo cuando voy a cualquier sitio “ya he estado previamente”, aunque debo reconocer que la realidad siempre supera con creces las lecturas, videos, blogs o cualquier otra preparación.
Bueno, una vez acabado el ladrillo de entrada toca otra dura labor, que además en mi caso estoy casi seguro que será un poco inútil, la de mandar el premio a otros blogeros, como mi reconocimiento y como continuación de la cadena. Si alguno de ellos se lanza me sentiré más que satisfecho, en caso contrario espero que lo hagamos delante de una cerveza, café o tapa de habas enzapatás.
En primer lugar, mi mentor en los blogs, alguien a quien mi pública admiración y agradecimiento nunca será suficiente, MINIDIÁLOGOS, el blog de Carlos, mi referente iliplense.
Continuamos con otro cronista local, Juanma España y su UTOPÍA DEL AIRE, por su sensibilidad y arte que generosamente reparte allá donde va.
También para mi amiga MERCEDES DEL PINO y su blog, donde su cámara mágica hace maravillas, no es que se prodigue mucho, además nos vemos de higos a peras y echo de menos su conversación.
Alguien con quien personalmente no he intercambiado mucho, pero que conozco por su labor, por el poso que dejó en Niebla y por sus hermanos  servitas. EL BLOG DE MODESTO.
Voy a parar aquí ya que realmente no leo tantos como para conceder más premios, aunque hay un pequeño demonio sobre mi oído izquierdo que me pide que se lo devuelva a la autora del blog de CRISTÓBAL VEGA ÁLVAREZ, EL POETA DE LA PAZ, aprovechando que es un blog distinto, pero el angelito del oído derecho me ha convencido.
Besos apretaos amiga Jana y mil gracias por el premio.